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MUAD – beso de la democracia

MUAD: beso de la democracia
La estrategia opositora parece cifrada en el absurdo de que los errores
de ayer conducen al acierto mañana por mera reiteración
Arnaldo M. Fernández, Broward | 17/08/2015 11:32 am

Unos 30 militantes de la oposición interna y 70 del exilio se creyeron
la semana pasada que asistían a un “Encuentro Nacional Cubano” (ENC) por
pasar tres días en el Hotel Verdanza (San Juan de Puerto Rico)
conversando sobre “la unidad de acción en la diversidad” para propiciar
el cambio pacífico hacia la libertad y la democracia en Cuba. Esta
penúltima salida fuera tenía que guardar correspondencia con el
penúltimo embullo dentro: la Mesa de Unidad de Acción Democrática
(MUAD), que copia la Mesa de Unidad Democrática (MUD) venezolana y añade
Acción para que las siglas cubiches suenen como un besito.
Aunque no es más que otra sopa de letras recalentada, Manuel Cuesta
Morúa dijo que MUAD encierra la novedad de “amplio espectro político [y]
composición plural” para que las “diferencias entre grupos enriquezcan
la agenda común”. Al refritarse el Proyecto Varela como El camino del
pueblo (2011), Cuesta Morúa había anunciado la mismitica novedad con
otro jueguito lingüístico: “Quien observe detenidamente la composición
heterogénea de este nuevo impulso común podrá ver las distintas
expresiones culturales, raciales, ideológicas, generacionales y
políticas que han decidido mostrar una nueva voluntad de consenso”.
Quien observe detenidamente hoy El camino del pueblo podrá ver que, en
tres años y pico, ha recogido (apenas) 1.500 firmas (inútiles) y que
Cuesta Morúa dejó camino por vereda que tampoco lleva a ninguna parte y
retomó la tradición mesera interrumpida por rotura de la Mesa de
Reflexión de la Oposición Moderada (1998-2004) engolfándose en la Mesa
Coordinadora de Nuevo País (2011), la Mesa del Diálogo (2014) y las
Mesas de Iniciativa Constitucional (2015) acompañadas con Mesas de
Trabajo leguleyo.

Contexto y pretextos
Cuesta Morúa declaró a EFE que “de momento” ningún representante de los
grupos de oposición concertados en MUAD estaba invitado al izaje de la
bandera americana en el Malecón, como si tal invitación no estuviera
descartada de antemano. Washington dio otra de consuelo para izar una
banderita en casa del jefe de la SINA, expresó “profunda preocupación”
por la represión y prometió continuar “financiando los programas por la
democracia”, así que al menos MUAD podrá captar fondos para su proyecto
“Otro 18”, que encararía la transición pacífica a Jefe de Estado y
Gobierno sin apellido Castro en 2018 con peticiones de leyes sin tener
un solo diputado a favor en el parlamento.
MUAD convoca incluso a un plebiscito para que la ciudadanía legitime los
procesos políticos, como si la penúltima tentativa plebiscitaria,
trompeteada por Rosa María Payá el 22 de julio de 2014, no estuviera ya
boqueando con tan solo 101 votos en el sitio Cuba Decide, mientras Cuba
decidió con 6,8 millones de votos en las elecciones del pasado 19 de
abril que ninguno de los 2 opositores entre los 27.379 candidatos
nominados se colara entre los 11.425 delegados electos a las asambleas
municipales.
En el nuevo contexto de “interlocución permanente —según Cuesta Morúa—
de los estadounidenses con la sociedad civil”, el besito de MUAD deja la
misma marca del viejo pintalabios ilusorio con el mismo brillito
plattista de que la cosa se resuelve con USA. Lo único racional que
propone MUAD es “movilizar pacíficamente a la ciudadanía”, pero resulta
que no será para votar contra el gobierno, sino para montarse en todos
los fiascos precedentes, como reclamar al bulto la liberación de presos
políticos sin precisar siquiera tal categoría y pedir más y más
reformas, como si las víctimas de la represión cortaran el bacalao
legislativo.

Intervalo de lucidez
MUAD se propone también exigir la ratificación e implementación de los
Pactos Internacionales (1966) de Derechos Humanos, que el gobierno firmó
desde 2008 sin haber manifestado aún intención de adoptarlos en el
Derecho interno. Esta exigencia sería el único propósito que valdría la
pena para arrostrar la represión política, ya que abre posibilidades más
razonables de movilizar al pueblo y la solidaridad internacional, amén
de obligar al régimen a dar explicaciones y quedar así expuesto a la
opinión pública sin necesidad de que la oposición urda embarajes
pueriles como “la Asamblea Nacional no dio respuesta al Proyecto
Varela”, “asesinato de Estado”, “centro de tortura en Tarará”,
“desparecidos” y otros tantos que no convencen a nadie salvo a claques
incondicionales o hipócritas. El trámite legal paralelo discurriría de
este modo:
– Queja y petición al Ministro de Relaciones Exteriores, quien
seguramente no contestará, pero así dará pie a
– Recurso de Alzada ante el propio ministro, quien tampoco se dignará a
contestar esta vez, pero así dará pie a
– Demanda judicial contra el silencio administrativo ante la queja (por
demora en ratificar los pactos) y la petición (de adoptarlos en el
Derecho interno).
El fallo judicial tiene que ser fundado y no darlo entrañaría la
reacción internacional que no consiguieron ni los domingos de represión
ni las marañas del Proyecto Varela y el asesinato de Payá. En el plano
horizontal (igualdad de derechos) de la democracia no hay mejor
reclamación que la ratificación de los pactos, como tampoco hay cosa
mejor en el plano vertical (quién gobierna) que deslegitimar al gobierno
en las urnas. Si el esfuerzo movilizador no se traslada a que la gente
anule o deje en blanco la boleta electoral, así como a velar y denunciar
el fraude, las víctimas de la represión seguirán en vano dando
viajecitos afuera y armando mesitas adentro, como prisioneros políticos
de la historia.

Coda
El problema no radica en que el besito de MUAD no seducirá al pueblo ni
el ENC forjará la unidad de acción. Esa doble predicción es tan sonsa
como que el sol saldrá mañana. El problema estriba en que desde 1988
—cuando Samuel Martínez Lara y Tania Díaz de Castro tuvieron la
ocurrencia de copiar el plebiscito chileno— la disidencia interna viene
saltando de un proyecto mal diseñado y fallido a otro sin agarrarse del
único aldabón de toda oposición pacífica: el voto, que exige trabajo
paciente y tedioso en la base antes que viajes y alardes mediáticos.
Por el contrario, la estrategia opositora parece cifrada en el absurdo
de que los errores de ayer conducen al acierto mañana por mera
reiteración, como si los lidercillos cubiches de la democracia no
tuvieran otra máxima que aquella con que el comediante Jon Stewart
resumió el desatino político: Learning curves are for pussies.

Source: MUAD: beso de la democracia – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/muad-beso-de-la-democracia-323432

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