Represión – Cuba – Repression

Es «Cuba Posible», ¿posible?

Es «Cuba Posible», ¿posible?
Si algo debemos aprender del totalitarismo, es que nada es casual
Francisco Almagro Domínguez, Miami | 15/07/2017 3:02 pm

Para quienes ambicionan el poder,
no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio.
Tácito

I
El ejercicio intelectual y digámoslo de una vez, político de Cuba
Posible, surge de las cenizas del último proyecto de Espacio Laical. Es
importante esta acotación historiográfica, pues no será posible entender
o al menos presumir lo que sucede hoy en torno a lo que sus autores
llaman un “laboratorio de ideas” sin conocer de dónde vino y por qué vino.
Espacio Laical fue la respuesta a la extinción del primer Espacios, una
publicación del Consejo Diocesano de Laicos creada y dirigida por
Eduardo Mesa. Junto a la también católica Vitral, de Pinar del Rio y a
cargo de uno de los laicos más emblemáticos de la época, Dagoberto
Valdez, eran las publicaciones “problemáticas” para el régimen en los
duros años noventa. Porque más allá de acabar con el monopolio
informativo y formativo comunista, en torno a estas revistas y su
lanzamiento se realizaban premios literarios, talleres de formación
cívica y religiosa, conferencias, recitales de poesía y música y
exhibiciones de obras plásticas. Tales centros y sus publicaciones deben
haber sido preocupantes para el Departamento Ideológico del Comité
Central y la Oficina de Asuntos Religiosos, y así parece lo hicieron
saber a las autoridades eclesiales pertinentes.
Pero los organismos de seguridad del Estado hicieron lo suyo; medidas
activas y pasivas contra los laicos y los ordenados fueron
implementadas. Estaría de más añadir que la penetración por agentes de
la inteligencia cubana con diversas misiones y niveles de intervención
pudieran catalogarse de exitosas; sembrar la desconfianza y la
devaluación entre los católicos, y sobre todo entre quienes colaboraban
con los medios de comunicación eclesiales fue parte del trabajo; algún
amigo todavía queda por ahí, bien recompensado por su diligente labor.
Por eso a principios del siglo XXI la salida del ámbito
cultural-político cubano de este tipo de revistas y centros diocesanos
era problema de tiempo.
Por esa y alguna otra razón, los primeros números de Espacio Laical,
después de la renuncia del recién fallecido poeta e intelectual Rogelio
Fabio Hurtado, y el regreso por acaso un solo número del editor
primigenio, el excelente periodista Andrés Rodríguez, trataron de
rescatar la matriz católica para la cual fue concebida la revista, sin
abandonar, por supuesto, la defensa de los derechos humanos, la historia
patria verdadera, y antiguos intelectuales cubanos, borrados de la
memoria popular. Por circunstancias que no cabría aquí analizar, la
publicación comenzó a torcer su rumbo hacia el ámbito social, un tanto
apartado del tutelaje católico, y a veces “complaciente” según censores
eclesiales —que, por supuesto, también los hay— al permitir en sus
páginas intelectuales orgánicos del régimen.
Es en esta derivación donde cierta crítica empieza a ver la mano de las
conspiraciones. ¿Se trataba el Espacio Laical de Roberto Veiga y Lenier
González una creación de la inteligencia cubana para dar un viso de
centrismo, de pluralidad? ¿O realmente Roberto y Lenier estaban ajenos
quienes se disputaban debajo de los escritorios un territorio que
pertenecía a uno u otro bando, y que nadie se iba a dejar arrebatar?
Un día amanecimos con la noticia de que ambos habían sido “cesados de
sus funciones” dentro de la publicación católica. Lo que casi nadie
sabía entonces, era que Veiga, sin duda un incansable trabajador,
abogado, y Lenier, un intelectual-periodista de fino tacto, ya caminaban
en pos de otro propósito, esta vez más ambicioso en lo político, más
abierto en lo social, declaradamente socialista. Ese nuevo proyecto, que
quien escribe estas líneas vio surgir desde las primeras ideas, tomaba
del padre Carlos Manuel de Céspedes la impronta nacionalista-católica
que él llamaba Casa Cuba. Carlos Manuel, sin duda polémico intelectual,
tenía la facilidad de moverse en varias orillas; casi todo el apoyo
moral y cultural de los primeros pasos del “laboratorio de ideas”
proviene de sus consejos, opiniones y una visión muy personal de la
cultura y la historia cubanas. Oír hablar al Padre Carlos era volver a
sentirse orgulloso de haber nacido en Cuba y luchar por su bienestar.
Cuba Posible fue posible, valga muy bien la redundancia, no por vanidad
o egolatría de sus iniciadores, sino por una necesidad de todos; de otra
manera, el régimen hubiera abortado el huevo desde su nidación. Hoy
sabemos de grandes capitales cubano-americanos, e importantes
instituciones políticas y económicas del mundo detrás del proyecto.
Nadie puede iniciar una obra de esa magnitud de la nada. Acusar de
mercenarismo a sus gestores es hipócrita e ignora que el régimen cubano
lleva 60 años dependiendo de otros. Creo, y así hay muchos que lo
confirman, que Cuba Posible fue una molestia necesaria para el régimen.
Pero su vida útil parece estar acabándose.

II
Como un papel cazamoscas, Cuba Posible fue atrayendo, como ha escrito
Haroldo Dilla, todo el universo disidente, menos disidente, cuasi
disidente e incluso condescendiente con el régimen. Después de cerrarse
Espacio Laical, solo quedaba Temas como espacio de debate, una
publicación también tolerada y monitoreada por el D.O.R. Un segmento de
los intelectuales y los profesionales cubanos necesitaban ser oídos
dentro de la Isla, y Cubadebate intentó, sin logarlo todavía, ser ese
espacio de tolerancia. Pero su director, un verdadero impresentable, es
capaz de asustar a quien trate de escurrirse una pulgada más allá de la
narrativa oficial. Ha sido precisamente Cubadebate una de las naves que
ha enfilado la proa contra Cuba Posible.
Si algo debemos aprender del totalitarismo, es que nada es casual, y
todo, al estilo chapulinezco, esta fríamente calculado. Ese es el papel
que le ha tocado, y hasta ahora la misión está siendo cumplida
cabalmente. Como en la mejor de las pandillas, en los ataques de
Cubadetabe a Cuba Posible no hay nada personal —y este dato es muy
importante, como analizaremos más tarde—, solo negocios: no puede
suceder que la intelectualidad cubana se deje atrapar ni siquiera por
quienes se hacen llamar “oposición leal”.
Las embestidas contra el proyecto de Veiga y Lenier arreciaron después
de la cita en Nueva York, en mayo de 2016. Es aquí donde el contexto se
torna importante, vital. Acostumbrados a jugar en varios frentes, el
régimen cubano no tomó medidas activas contra los participantes en el
evento, auspiciado, se sabe, por importantes capitales e instituciones
norteñas. Era lógico: estaban en marcha las campañas electorales
norteamericanas. De haber triunfado Hillary Clinton, como la mayoría
esperaba, hubiera sido muy probable que Cuba Posible se convirtiera,
como ya parecía estarse preparando, en una plataforma más de diálogo,
incluso de apoyo a inversiones y asesoría económica.
La elección de Donald Trump, y las posibles medidas contra el Gobierno
cubano han puesto al proyecto Cuba Posible, si alguna vez fue un puente,
dinamita en sus puntos de quiebre. Pero otro gran evento, del que muchos
han minimizado su efecto simbólico y tal vez más importante, se avecina
en los próximos meses.

III
Pocos analistas reparan hoy en la importancia de las elecciones para el
Poder Popular en Cuba. Podríamos pensar que nada nuevo va a pasar. Pero
para que eso suceda, para que todo quede igual, deben pasar muchas
cosas. Es la primera vez que Fidel castro estará ausente físicamente; y
una buena parte de los “históricos” va a ser sustituida por enfermedad o
por pertenecer a la edad de la segunda jubilación. Es cierto que el
Parlamento no pincha, pero si puede dar color: color para el extranjero.
Además, el acto simbólico —lo que es, ni más ni menos— de Raúl Castro
dejar la presidencia de Cuba pondría al régimen un halo de legitimidad
democrática. No es que lo sea; es que a muchos intereses económicos y
políticos del mundo necesitan que así sea. Ya la Comunidad Europea
suavizó el lenguaje y ha firmado la capitulación.
De ahí en adelante, aunque Raúl Castro conserve el poder real como
Secretario General del Partido Comunista, los anunciados cambios,
pospuestos ene veces, podrán salir de otras manos y no de los
“históricos”, por si algo sucede. Cambios, por cierto, que ellos mismos
saben imprescindibles porque la economía es una ciencia y no una
ideología: dos más dos suman cuatro, no seis. En un análisis sistémico,
la sobrevivencia de la dictadura madurista podría ser un factor de
cambio en la ecuación cubana. Para evitar que el elemento aleatorio
cambie los resultados, la llamada Constituyente avanza a pasos
agigantados: todo tiene que estar atado y bien atado en la Isla como en
el continente; lo que desate o ate Raúl en el Palacio de la Revolución,
quedara atado o desatado en Miraflores.
De modo que el nuevo Gobierno cubano deberá enfrentar un problema de
legitimidad. No solo de la que hasta ahora carece en la arena
internacional democrática, sino ad intra, donde el martilleo sobre la
figura “epónima” de Fidel Castro puede estar logrando el efecto
contrario, el olvido más tenaz. Una manera de ganar legitimidad en los
regímenes totalitarios es apelando a los enemigos, y si son internos,
mejor. Como en El Hombre de Maisinicú, los nuevos no han dado soga ni
golpes: les toca pinchar al muerto. En ese contexto, Cuba Posible y
todos sus adláteres, se pintan solos como traidores propiciatorios.
Por lo tanto, una tesis es que la misión para la que fueron escogidos o
dejados hacer, está por terminar. El artículo que acaban de publicar
Roberto Veiga y Lenier González “¿Tenemos derecho a trabajar por Cuba?”,
entregándose a una justicia que ellos saben no es justa, hace pensar que
ese y no otro era uno de sus destinos finales. En tal caso, para el
régimen y al estilo causas número uno y dos, sería fácil probar que el
proyecto y todas las conferencias y viajes de sus miembros están
apoyados económicamente por individuos de raigambre anticomunista o
“terroristas”. Pero esa tesis, aunque más potable, más a tono con el
hacer histórico del régimen, puede no ser del todo cierta.
La otra teoría no es descabellada: Cuba Posible puede ser una opción
política, incluso con participación parlamentaria. Esta hipótesis no
invalida la otra, y al revisar todo lo publicado en su página digital,
trabajos que van desde una revisión de la Constitución y pasan por
críticas económicas de expertos nacionales y extranjeros, alguien con
mediana inteligencia se da cuenta de que han estado preparando un
arsenal de respuestas a prácticamente a todos los problemas, acuciantes,
de la sociedad cubana actual. Puede que no nos gusten, o nos disgusten
francamente. Pero lo que no se puede obviar es el calibre intelectual
reunido alrededor del proyecto. Y como las palabras se las lleva el
viento, y los papeles se destruyen, hay decenas de hombres de negocio,
multimillonarios, y políticos, apostándole a Cuba Posible como una
“tercera vía”.

IV
El dilema para Cuba Posible y para cualquier otro nacido en la Isla es
estar en el “medio”. No hay personaje ni hecho que se haya catalogado de
“centrista” en 500 años de historia. Es la clásica pregunta, muy cubana,
¿estás con los indios o con los cowboys? Y no es que quieras tener
plumas o sombrero en la cabeza, es que no te dejan tener plumas en el
sombrero. No basta que te apellides Veiga o firmes Lenier. Desde el
encontronazo de Céspedes con Agramonte hasta el de Martí con Maceo, y
las divergencias del 26 de Julio con el Directorio, somos un país de
disensos, de extremos, y ese es un factor a tener en cuenta. Lo primero
es construir un espacio de consensos. Tal vez esa fue la intención
inicial de Cuba Posible.
Pero los críticos de esta orilla, nada menos que más de dos millones de
cubanos y sus descendientes, con miles de millones de dólares en
propiedades y una riqueza intelectual y productiva que envidaría
cualquier otro país del continente, pueden ver el proyecto como ajeno a
sus propios intereses: no se ha publicado un solo artículo criticando el
socialismo real, la violación de los derechos humanos por parte del
régimen, o condenando abiertamente la criminal acción del Madurismo en
Venezuela. Al modo de ver de algunos analistas, el pecado original Cuba
Posible es que el medio no existe, no se trata de contraponer dos
millones contra once, sino de sumar 13 o 14 millones de compatriotas.
Quizás estamos arribando al momento en que haya que tomar partido por
uno u otro bando, o descubrir que todo no fue otra cosa que un plan de
la inteligencia cubana, especie de seguro de vida en caso de expiración
forzosa. También sería grata sorpresa para quienes dicen que las
reformas son un cambio-fraude, si los promotores Cuba Posible dijeran lo
que muchos saben y callan: el socialismo cubano no es reformable porque
está concebido para no serlo; porque es intrínsecamente dogmático como
nuestra idiosincrasia hispanoamericana, inhumano porque borra la
individualidad y la sana competencia; inviable desde el punto de vista
económico con lo cual hace impracticable el desarrollo social autónomo.
La invitación al auto-holocausto de Roberto Veiga y Lenier González,
Fiscalía General de la República mediante, no es un acto aislado ni
imprudente; como no lo fue la anunciada inmolación en Espacio Laical.
¿Qué viene después? ¿Se repetirá el circo, esta vez con otros
sacrificados en la arena? Porque el suicidio político —no el suicidio
del político— no es habitual en nuestras tierras. La convivencia del
proyecto con la jauría siempre fue una pregunta. Para otros, un enigma.
Para todos, casi un imposible.

Source: Es «Cuba Posible», ¿posible? – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/es-cuba-posible-posible-330030

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